lunes, 22 de septiembre de 2008

Un angel me acompaña 8

Capítulo 8

Las empresas son a veces como mundos cerrados, que afectan más a la convivencia de las personas de lo que uno pueda creer. En las empresas se pueden dar incluso situaciones próximas a la esclavitud, entre el que la manda y el mandado. Una sumisión indigna del género humano para quienes sólo dependen del humor de sus superiores, y que denigra a la sociedad en su conjunto.
Hay quienes se ven obligados a realizar cosas que atentan contra la dignidad de las personas. Pero vivimos en un momento en el que se saca a relucir la bajeza moral y la indignidad, como algo cotidiano y casi admitido tácitamente.
El hombre lo es por competencia con el semejante. No se es solidario nada más que en el tribalismo. Todo lo demás sobra, estorba los planes de quienes sólo buscan el triunfo a toda costa.
Me gustaría recluirme en una concha y aislarme del mundo y de sus gentes. He formado parte y contribuido a que la insolidaridad campee a sus anchas. Todos debiéramos reflexionar y replantearnos cosas que el tiempo y la competitividad no nos dejan. No es razonable construir un futuro sobre tanto dolor. Los demás son también importantes.
La vida se nos escapa de los dedos y nos preocupamos de tener un coche más potente; de comprar la casa más grande o de ser los más importantes.
De otra parte, la idea que tiene uno de la empresa puede ser radicalmente opuesta de la del compañero de al lado. Hay quien ve en la empresa al enemigo, y la combate con la indiferencia e incluso el rechazo. Hay quien ve en la empresa sólo un instrumento para la supervivencia, y cumple estrictamente lo que se le ordena. Hay quien, por el contrario, se enamora de la empresa y le dedica todas sus energías y emociones; todo el tiempo, incluido el del ocio. No existe otra razón de ser para él sino la empresa.
Creo que yo me encuentro entre estos últimos. Naturalmente, no es justo juzgar a todos con un mismo rasero, o pensar en una clasificación tan excluyente.
Pero sí me arrepiento de no haber vivido a plenitud. De haberme propuesto unas metas tan pobres. Todo lo dejé por la empresa, porque quería la admiración y el respeto de mis compañeros. Nunca pensé en otras gentes u otros objetivos. El esfuerzo que no realicé lo tengo que hacer ahora y sé que mis pensamientos no serán los que debieron de ser, al estar condicionados por la prisión de la carne inmóvil.
Me duele salir a pasear en una silla de ruedas y ver un campo tan bonito, que antes no fui capaz de valorar. Los pajarillos son un espectáculo. Lo son las nubes; el agua de las fuentes. ¿Cómo no pude gozar antes de algo tan hermoso teniéndolo tan cerca?
Hasta el aire me parece hermoso. Me dejo acariciar por la brisa; cierro los ojos. Todo se encuentra a un paso. Vivir es algo más que un título o un futuro. La sierra me espera. Voy abandonar todo y vivir en un paraje aislado en contacto permanente con la naturaleza. La silla me estorba. Nunca antes me había dado cuenta de todo cuanto tenía junto a mí.
Nos estamos engañando unos a otros. Tal vez haya una conspiración mundial para que nos volvamos locos. Una persona con salud y ganas de vivir, no se debe dejar encerrar por los reclamos y guiños de una sociedad egoísta, que sólo busca la producción y la estadística.
Hay indios de la India que pasan su vida con las manos en alto, hasta que se les secan y convierten en ramas, agradeciéndole a Dios la dicha de la vida y esperando cruzar el umbral cuanto antes.
Hay hombres y mujeres que pasan en retiro espiritual todo su tiempo, sin hablar jamás con sus semejantes, porque piensan que esto es un suspiro y que es preciso agradecer de continuo la llama de la existencia a quien tuvo a bien concedérnosla.
He leído; he reflexionado. Pero ¡me queda tanto por hacer¡ Al conocimiento se llega por el estudio o por el dolor. Yo creo que he llegado a esa etapa inicial, más por el dolor que por el estudio o la investigación.
De salir de ésta, que ya sé que no saldré, dejaría la empresa. Me iría a las alpujarras granadinas, a un lugar donde gozar de la naturaleza y del contacto con ese yo, tan abandonado, que todos llevamos dentro.
No soporto más los ruidos, ni las presiones o la competencia. Quiero realizarme como ser humano. Dormir con alegría; soñar cosas armoniosas; sentir que fluye en mí el latido universal que el correr del tiempo ha silenciado.
¿De qué me hubiese valido llegar a la cima? ¿De qué me habría servido ganar más dinero, si cada latido es un regalo y lo que nos separa del otro lado es una imperceptible lámina de sueño?
Pisotear, poseer; formar parte de un clan, de un grupo, de una nacionalidad. Las gentes nos agrupamos más por nuestros miedos y cobardías, que por el bien común.
Me doy cuenta de que el objetivo de la especie humana no es la supervivencia y la continuidad, sino el formar un todo para alcanzar las estrellas, si es preciso a gritos.
Todo lo demás es pura fanfarria; engañarse. Las luces de neón nunca podrán competir con los luceros. El amor pagado jamás tendrá el sabor del néctar. El poder es algo que aplasta a la Humanidad.
Quiero una nueva oportunidad. Resarcirme del mal cometido. Pedir perdón a los que ofendí, y ofrecer mi mano a los que precisen de ella.
No me hagáis pagar tan caro mis errores. Seáis quienes seáis los que controléis este rollo, por favor, una oportunidad. Si fallo de nuevo; si vuelvo a dejarme llevar por la fácil o lo inmediato, dejadme así o aún peor. Pero creo que todas las criaturas de esta Tierra debiéramos tener la oportunidad de rectificar, al menos una vez en nuestras vidas.
Me aterra saber un mundo tan hermoso, a la vez que tan delicado, y que todos corramos deslumbrados por la luz de la ignorancia, sin percatarnos de cuánto bueno y bello existe.
Eva es el dolor que se ha de purgar. Adán es la cobardía. Si hay un edén, se encuentra en el interior. La Tierra es el marco y nosotros los actores. Vamos a representar bien la función de una vez por todas.
No me consuela ver a otros que sufren. Los niños bosnios me llegan al corazón; mis compañeros tienen cada uno su historia. No quiero ser insolidario. Pero si he de contribuir a un mundo mejor, necesito al menos las manos libres.
-- Vamos, a levantarse que toca recuperación -- la enfermera me libera del pensamiento circular. La miro y la admiro. Se mueve con gracia. Sonríe.
-- ¿Qué quieres que recupere? -- bromeó con toda la sorna de que soy capaz.
-- Yo quisiera que recuperases todo; pero de momento vamos a recuperar esa mano derecha -- responde. Y me dejo hacer y su sonrisa me devuelve un instante a la tranquilidad.