miércoles, 30 de julio de 2008

Depresión

Yo muero extrañamente… no me mata la vida, no me mata la muerte, no me mata el amor.
Muero de un pensamiento, mudo como una herida…
¿No has sentido nunca el extraño dolor de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida, devorando alma y carne, y que no alcanza a dar flor?
¿Nunca llevaste dentro, una estrella dormida que nos abrazaba enteros y que no daba fulgor?
Cumbre de los martirios me lleva eternamente desgarradora y árida, la trágica simiente, clavada en las entrañas como un diente feroz.
Pero arrancarla un día como una flor que abriera milagrosamente e inolvidable.
¡¡¡¡ Ah, más grande que no fuera tener entre las manos la cabeza de Dios!!!!!

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